Siglos V a principios del VIII: un período de transición en la Península



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Desde comienzos del siglo V a principios del VIII se extiende un período de perfil incierto que ofrece un aspecto cambiante según el punto de vista desde el que se observe. Ya parece ser el epílogo de la Antigüedad, ya se nos presenta como el inicio de los nuevos tiempos medievales.

Historia de los godos

Cuentas las crónicas que en el año 406, al asomar por los Pirineos las primeras bandas germánicas, dos magnates españoles, sobrinos de Teodosio, lograron detener su empuje durante tres años valiéndose solamente de las fuerzas reclutadas en sus propios dominios. ¿No era esto ya el anuncio de las huestes señoriales y de la quiebra del Estado?

Pero, en cambio, en el siglo VII, el reino visigodo todavía conserva, aunque degradados, la organización y el carácter público del Estado romano. Y San Isidoro, que vive en este mismo tiempo, es, en cierto modo, el último sabio romano.

Si estos siglos tienen una personalidad, es precisamente como período de transición, como auténtica "Edad media" entre la Antigüedad y la Era islámico-cristiana.

Y, como tal, es una época de doble faz. Por un lado, persisten muchos elementos de la unidad antigua -culturales, económicos, jurídicos-, agoniza un mundo en el cual el "decorado es aún clásico", y las ruinas son tan imponentes, tan sólidas, que su misma masa las mantiene en pie. No ha habido derrumbamiento, catástrofe brutal ni repentina; el proceso de anquilosamiento que el Imperio venía sufriendo se ha agravado decisivamente, y su enorme cuerpo sigue ocupando el primer plano, aunque esté ya fragmentado y sin vida.

- Reviviscencia y barbarización


Mas, por otra parte, es un mundo que nace. Y no poco de lo nuevo se había iniciado ya, como indicamos, en la época anterior, en la sociedad española del Bajo Imperio. Lo que ocurre en la Hispania romana es más una barbarización que una germanización. Los invasores, al destruir la colosal y opresiva máquina burocrática que mantenía unido al Imperio Romano, favorecen el desarrollo de las fuerzas centrífugas. Reaparece un tipo de sociedad rural más antiguo. Reviviscencia y barbarización son, por consiguiente, los fenómenos principales.

- La Península con los godos, una unidad política autónoma


Mas no reduzcamos demasiado el papel histórico de los pueblos germánicos. Aunque fuera a costa de una regresión temporal, devolvieron espontaneidad a una sociedad agotada, liberaron fuerzas creadoras de nuevas formas de vida, y la Península, que con Roma había formado una unidad como parte de un todo mayor, llega a ser por vez primera, con  los godos, una unidad política autónoma.

- La de la España visigoda, una edad confusa


La de la España visigoda fue una edad confusa, como todas las épocas de crisis, en las que se mezclan inextricablemente temores y esperanzas. Si en muchos aspectos le es aplicable la melancólica reflexión del escritor galo: "Mundus senescit" (el mundo envejece), tampoco le faltó razón a Orosio cuando, en el momento de las invasiones, profetizó: "¿Quién sabe si estos grandes desastres que a vosotros os llenan de duelo, no serán para vuestros hijos la aurora de un tiempo más feliz?". Cuando menos, la aurora de un tiempo nuevo.