La Paz y Tregua de Dios y la Paz del Rey



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Especial trascendencia en el ámbito político tuvieron los acuerdos aprobados por Concilios reunidos para impulsar la paz y la seguridad de las personas y de sus bienes, poniéndolos a salvo del clima general de violencia característico de la Edad Media. Se trata de unas reuniones conciliares denominadas Asambleas de Paz y Tregua de Dios, en las que, junto a los nobles y obispos participa también frecuentemente el pueblo, comprometiéndose todos a respetar la Paz y la Tregua de Dios. Por la Paz de Dios, determinados lugares (iglesias, monasterios, cementerios) y personas (monjes, clérigos) quedaban especialmente protegidos frente a cualquier tipo de violencia; la Tregua de Dios, por su parte, vetaba también la ejecución de todo acto de fuerza, incluso los legítimos, durante ciertos períodos de tiempo, épocas del año y fechas de especial significado religioso.

La naturaleza conciliar de estas reuniones se aprecia con claridad en el tipo de sanción con que se conmina a los infractores (excomunión, anatema, y otras espirituales) así como en el sometimiento a la jurisdicción episcopal como la única competente para resolver los desacuerdos y conflictos que pudieran surgir a la hora de aplicar sus preceptos.

Estas asambleas aparecen por primera vez en el Reino franco a finales del siglo X, y se difunden, como ya dejamos dicho, por Cataluña a lo largo del XI y por León y Castilla en el XII.

Fuente:
Manual de Historia del Derecho (Temas y antología de textos).
Enrique Gacto Fernández, Juan Antonio Alejandre García, José María García Marín.
Páginas 142-143.