La autonomía normativa municipal



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Como ya quedó apuntado, las franquicias y libertades inscritas en los fueros breves, entre las que ocupaba destacado lugar el privilegio reconocido a la comunidad de completar su propio ordenamiento jurídico, hicieron posible la progresiva formación de unos derechos propios, recogidos desde el siglo XII y, sobre todo, en el XIII, en los llamados fueros extensos. Estos aparecen así como el resultado de la actividad jurídica de las comunidades medievales a las que unas iniciales libertades reconocidas en los fueros breves permitieron ocuparse en la formación y desarrollo de su propio ordenamiento jurídico.

El interés de los pueblos por seguir disponiendo de esta iniciativa queda de manifiesto en el elevado número de fueros que reservan a toda la comunidad (que unos veces actúa directamente, reunida en Concejo, y otras representada por sus hombres buenos, la facultad de complementar el Derecho cuando éste parezca insuficiente. Este privilegio constituye una de las prerrogativas fundamentales y más características del Derecho de las fronteras.

El uso de esta autonomía normativa, cada vez más frecuente a medida que avanza la Edad Media, hizo posible la consolidación del nivel jurídico municipal, elaborado por las propios comunidades que participan así en la elaboración de su ordenamiento jurídico particular de manera consciente y premeditada, mediante acuerdos en cuya aprobación intervienen a menudo todos los vecinos reunidos en asamblea (Concilium, Concejo); con ellos se trata de completar las lagunas que presenta el Derecho de la tierra, de precisar éste cuando no aparece bien definido o de modificarlo en aquellos casos en que parezca aconsejable modificar su contenido, aunque en algunas ocasiones la decisión popular debía ser supervisada en los niveles jurídicos superiores, el señorial o el regio.

Fuente:
Manual de Historia del Derecho (Temas y antología de textos).
Enrique Gacto Fernández, Juan Antonio Alejandre García, José María García Marín.
Páginas 122-123.