Curia Ordinaria y Curia Plena



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Por su composición, competencia y funcionamiento, la Curia Regia medieval presenta un perfil institucional básicamente idéntico al del Aula Regia visigótica. En ella se integraban, junto al rey, sus parientes más allegados (esposa, hijos, hermanos), los oficiales más relevantes de la casa real (mayordomo, alférez, canciller), a veces algunos de rango menor (camarero, repostero) y los magnates que constituían el séquito habitual del príncipe. Cuando se hallaban en la corte asistían también los obispos del reino y los nobles destacados en el gobierno del territorio. Y se incorporaban a sus reuniones los gobernadores de los distritos administrativos (tenentes terrae), los abades de los monasterios próximos y los delegados reales en las ciudades (domini villa) en las ocasiones en que la itinerante corte medieval se detenía a despachar asuntos en aquéllos o en éstas.

Para tratar temas de especial trascendencia, el rey solía convocar Curia Plena o Pregonada, a la que eran convocados, además de los habituales, todos los notables del reino, que debían presentarse en el lugar y momento señalado para participar en las deliberaciones. En el último tercio del siglo XII a estas reuniones solemnes se incorporarán los representantes de algunas ciudades, acontecimiento que determina la conversión de la Curia Plena en Cortes. Pero para los asuntos de trámite persisten las reuniones ordinarias de la Curia Regia que, reestructurada en la baja Edad Media, prolongaría su función de directo asesoramiento del rey con la denominación de Consejo Real.

Fuente:
Manual de Historia del Derecho (Temas y antología de textos).
Enrique Gacto Fernández, Juan Antonio Alejandre García, José María García Marín.
Páginas 139-140.