Ámbito de expansión del sistema de creación del Derecho por albedrío



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
El sistema de creación judicial del Derecho alcanzó especial arraigo en Castilla, con cuyos orígenes como condado independiente aparecen directamente relacionados con él en una tardía leyenda que explica su implantación a raíz de la quimérica ruptura entre Fernán González y el rey León.

Pero fue practicado también por los jueces señoriales y regios en Aragón y Navarra, es decir, en aquellas zonas en las que el Liber Iudiciorum no descansaba en la autoridad de ejemplares escritos o cuando aún conservándose éstos, la solución ofrecida por sus normas no pareciera conveniente. En la práctica, las fazañas de estos altos tribunales debieron gozar de un valor superior al de los meros precedentes y servirían para señalar la dirección en la que se orientaba el estilo o modo de proceder de los tribunales superiores.

Este sistema de formación del Derecho por albedrío se generaliza a partir del siglo XI, para perder buena parte de su importancia a fines del XII y durante el XIII, cuando se redactan por escrito los derechos municipales y señoriales, ante cuyas redacciones extensas desaparece en gran medida su razón de ser. A pesar de lo cual, bastantes fueros de la extramadura leonesa (Salamanca, Ledesma), castellanos (Guadalajara, Sepúlveda, Cuenca, Soria) aragoneses (Calatayud) y navarros (Estella) mantuvieron el sistema como mecanismo productor de derecho en los supuestos de laguna legal.

Utilizado también, como se ha dicho, en los territorios de vigencia del derecho señorial, donde el señor o un delegado suyo asume las funciones judiciales, se mantuvo con especial vigor en tierra de Vizcaya y de Álava, donde su conjunción con el régimen señorial haría posible la aparición de decisiones arbitrarias, en las que el señor era con frecuencias juez y parte, y sentenciaba con parcialidad, dictando fazañas desaguisadas, repugnantes a la conciencia jurídica colectiva.

Fuente:
Manual de Historia del Derecho (Temas y antología de textos).
Enrique Gacto Fernández, Juan Antonio Alejandre García, José María García Marín.
Páginas 121-122.