El origen prerromano del Derecho medieval español



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La gestación del Derecho medieval español ha sido interpretada también desde esta otra perspectiva, que potencia el influjo jurídico de la población autóctona del norte de España en los años que siguieron al 711.

Esta población, ignorante de los tecnicismos del Derecho visigodo, podría haber impuesto a los refugiados visigodos sus prácticas consuetudinarias, que se enriquecerían ahora con otras nuevas, surgidas como consecuencia de las estrechas relaciones mantenidas entre ellos. Circunstancias como la situación de desconcierto inicial, la urgencia de los problemas militares, que ocupaban casi exclusivamente la atención de los refugiados visigodos, desentendidos de otros aspectos menos apremiantes de la convivencia, como eran los jurídicos, y la superioridad numérica de las poblaciones indígenas, pudieran explicar el hecho de que estas costumbres prevalecieran sobre un Derecho visigodo desasistido de apoyo.

García-Gallo ha destacado esta probable influencia de los pueblos del norte de España, deficientemente romanizados y, como es sabido, apenas incorporados al mundo visigodo. Estos pueblos conservaban sus costumbres prerromanas y las intercambiarían con las surgidas en el ámbito del Derecho romano vulgar de que los visigodos eran portadores; unos y otros pudieron llevarlas consigo, junto con las que hubieran aparecido por esos años como consecuencia del contacto mutuo, en el momento en que se producen los desplazamientos repobladores hacia la Meseta.

Por ello, instituciones como la responsabilidad familiar y vecinal que hemos visto presentadas como germanismos, acaso pudieran explicarse partiendo de las estructuras organizativas parentales o locales de los pueblos cántabros y celtibéricos. En estos casos, las comunidades medievales recurren, como habían hecho las prerromanas, a la solidaridad derivada del hecho de compartir un mismo espacio geográfico, o a la cohesión inherente a los vínculos de sangre, para remediar la ausencia de garantías más seguras cuando se produce el quebrantamiento de la normalidad jurídica.

Pero conviene señalar que las comunidades del norte de España, las de los antiguos germanos y la sociedad de la alta Edad Media debieron enfrentarse a problemas similares desde mentalidades de parecido nivel de primitivismo y con un bagaje cultural igualmente rudimentario, por lo que las soluciones a las que unos y otros llegaran no serían muy diferentes, aunque no existieran influencias de unas sobre otras. Por ello, instituciones como las señaladas tanto pueden constituir supervivencias de costumbres indígenas prerromanas como atavismos o respuestas que las sociedades primitivas encuentran, con independencia unas de otras, a problemas parecidos. Y lo mismo cabe decir de otras prácticas como el recurso a las ordalías: el hombre medieval, como el primitivo, vuelve los ojos a la divinidad cuando los problemas jurídicos exceden su reducida capacidad de respuesta, pero esto no implica la existencia de una relación genética entre ambas conductas.

Fuente:
Manual de Historia del Derecho (Temas y antología de textos).
Enrique Gacto Fernández, Juan Antonio Alejandre García, José María García Marín.
Páginas 112-113.