El origen germánico del Derecho medieval español



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Entendiendo que durante la época visigoda el Liber Iudiciorum tuvo una escasa aplicación en la práctica, y que coexistió con un derecho consuetudinario germánico que los visigodos observaban al margen del ordenamiento oficial, ha sido posible afirmar que en los núcleos cristianos independientes los refugiados godos habrían mantenido con toda libertad el uso de sus costumbres, cuya vitalidad nunca resultó seriamente afectada durante la etapa de influencia romanizadora de los Códigos oficiales, al menos entre la nobleza.

Esto explicaría que textos en su mayor tardíos, pero que sin duda recogen un derecho anterior, nos hayan permitido conocer la presencia (en Castilla, Aragón y Navarra, pero también en los territorios periféricos de Portugal y de León, a los que llegaba debilitada la influencia del Liber Iudiciorum) de una serie de instituciones que guardan estrecha similitud con otras que se han considerado características de un pretendido Derecho germánico.

Ya a fines del siglo XIX un historiador austríaco, Julio Ficker, resaltó el "íntimo parentesco" existente entre el derecho de familia hispánico y el noruego-islándico en cuestiones tales como la condición jurídica de la barragana y el de los hijos ilegítimos, el alcance de la venganza de la sangre, etc. En una monografía posterior, ya en el siglo XX, Eduardo de Hinojosa aportó nuevos ejemplos de la evidente influencia del elementos germánico sobre el derecho español medieval, con referencia a otras instituciones que presentaban también una sorprendente analogía con prácticas consuetudinarias germánicas: así, el rebrote de la responsabilidad vecinal y familiar, explícitamente rechazada por el Liber Iudiciorum, la gradación apriorística y objetiva de las penas, la prenda extrajudicial, la celebración de ordalías, la pérdida de la paz, el juramento expurgatorio, la opción ofrecida a la mujer raptada de quedarse con el raptor o volver al seno de su familia, etc.

Ciertamente, en la formación de los ordenamientos jurídicos medievales debieron confluir elementos de procedencia heterogénea y, entre ellos, debieron confluir elementos de procedencia heterogénea y, entre ellos, parece indiscutible la presencia de algunos que pudieran provenir de este presunto Derecho germánico primitivo, que parecen aflorar ahora en determinadas instituciones.

Así, además de las que hemos visto alegadas por quienes lo consideraron factor esencialmente formativo del Derecho medieval español, pudieran rastrearse otras manifestaciones en la que su influencia parece, a primera vista, probable. Por ejemplo, encontramos huellas de la morgengabe (la germánica donación de la mañana con la que el marido recompensaba a su mujer después de la noche de bodas) tanto en documentos de aplicación como en algunos Fueros de Castilla y de la extremadura castellano-aragonesa que limitan los bienes que el marido puede entregar a su futura mujer en concepto de arras. Al tasar el volumen de éstas, fijan para la novia doncella una cantidad superior -frecuentemente el doble- de la que se permite constituir en beneficio de la novia viuda; la diferencia entre ambas cifras, a veces reforzada con regalos que sólo se pueden dar a la moza virgen, pudiera considerarse el equivalente del "pretium puditiae".

Esta tesis ha sido criticada, entre otros, por Alfonso García-Gallo, quien considera que el Derecho germánico no pasa de ser una elaboración doctrinal y abstracta, que no tuvo existencia real en ningún momento histórico ni en ningún territorio determinado. Sería un producto ideal formado a base de principios extraídos de los diferentes derechos de los distintos pueblos de raza germánica, y de instituciones aisladas procedentes de diversos sistemas jurídicos que no tuvieron en común más que el hecho de haber sido observadas por una serie de pueblos racialmente afines.

Influencia de un Derecho germánico más reciente, concretamente del Derecho franco, recibido en el curso del proceso repoblador o como consecuencia del peregrinaje por el camino de Santiago puede considerarse la denominada "posesión de año y día", que aparece en la zona aragonesa de Jaca en la segunda mitad del siglo XI, y se extiende con rapidez en los siglos siguientes por Castilla, León y Portugal. En virtud de esta institución, quien hubiera ostentado la tenencia de un inmueble durante un año cumplido quedaba consolidado en su posesión con un título que muy difícilmente podía ser discutido por terceros, frente a quienes podía ser alegado como si se tratara de una excepción.

Fuente:
Manual de Historia del Derecho (Temas y antología de textos).
Enrique Gacto Fernández, Juan Antonio Alejandre García, José María García Marín.
Páginas 110-112.