La repoblación señorial



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
En la repoblación dirigida u oficial se procedía a la restauración de las construcciones y fortalezas ruinosas existentes en la región, a la división de la tierra en parcelas y al señalamiento de los lotes que habían de ser distribuidos entre los colonos, en proporción a los medios de trabajo de que cada uno dispusiera, todo ello de forma manifiesta y solemne, con suficiente publicidad, en evitación de problemas futuros. Todas estas operaciones se efectuaban bajo la supervisión del señor que con frecuencia, dada su elevada capacidad de explotación, se reservaba para sí considerables extensiones de tierra, poniendo con ello las bases para la consolidación de un régimen de propiedad latifundista.

Las cartas de población

Correspondió también a los señores la función de articular jurídicamente a las comunidades recién formadas y para ello utilizaron normalmente las Cartas pueblas o Cartas de población: documentos que contenían una elemental y sucinta regulación de las condiciones que, para lo sucesivo, debían presidir el desarrollo de la convivencia en la zona.

En ellas quedaban reseñados los límites geográficos dentro de los cuales tenía vigencia su contenido y, a continuación, reflejaban las facultades reconocidas a los colonos en orden a la explotación pacífica de sus parcelas, que el señor les aseguraba, y se hacía mención también de las obligaciones que debían asumir; entre ellas, la de satisfacer una renta por el aprovechamiento de la tierra de labranza que habían recibido con frecuencia pagada en especies y que recibe denominaciones muy variadas (censo, foro, infurción, usaticum, parata, pectum, pecho), a veces alusivas a la época del año en que solía cobrarse (martiniega, marzadga) o al porcentaje de la cosecha en que había sido tasada (novena).

Estas cartas de población semejan, pues, contratos agrarios de carácter colectivo propuestos por los señores, ofertas de contrato a las que los aspirantes a colonos debían adherirse como único medio de recibir tierras de cultivo.

Contenido de las cartas de población señoriales

La situación preeminente que desde el punto de vista patrimonial ocupa el magnate encargado de la repoblación del territorio determina que, desde el momento inicial, los campesinos que reciben la tierra queden económicamente vinculados a él. Cuando, a partir del siglo X, los señores asuman funciones jurisdiccionales que los reyes les ceden, a la sumisión económica de los colonos vendrá a añadirse la sumisión jurídica, generalizándose con ello el llamado "régimen señorial". Este se caracteriza porque el señor, además de los derechos que tiene sobre los cultivadores en virtud de la relación contractual que le une a ellos, adquiere otros de naturaleza jurídico-política, como la administración de justicia y una cierta facultad normativa.

Aparece de este modo un Derecho señorial cuyas manifestaciones afloran en un modelo de cartas de población más complejas que las anteriores en las que, junto al contenido contractual ya señalado, los campesinos quedan sujetos a una serie de obligaciones que van más allá de las debidas por la simple cesión de tierras: prestaciones de tipo personal que han de rendir al señor, como la de trabajar gratuitamente en los campos de éste un determinado número de jornadas al año, aportando los propios aperos y animales, a cambio de la manutención (operas, labores, sernas); la de reparar los caminos y puentes del señoría (fazendera); la de vigilar las fronteras del territorio (anubda); la de albergar al señor y sustentarle cuando pasa por las tierras del colono (hospedaje, yantar), etc.

Estas cartas de población señoriales incluyen también otras precripciones que llegan a disminuir sensiblemente la capacidad de obrar de los cultivadores en materia matrimonial (así la obligación de que las mujeres soliciten la licencia del señor para casarse, y el pago de una cantidad de dinero para obtenerla: ossas); en régimen de sucesiones (como el derecho del señor a suceder en los bienes del colono que muere sin descendencia, susceptible de redención económica: mañería; o la obligación que tienen los descendientes del campesino muerto de entregar al señor determinados bienes cuando heredan el dominio útil de la tierra: muncio, luctuosa, mortuarium); e incluso en la misma esfera de su libertad personal, al quedar limitada y aún prohibida su libertad de movimiento, quedando adscritos al fundo en el que trabajan.

La implantación de determinados monopolios o regalías (molino, horno, fragua, sal) referidos a bienes y servicios de cotidiana necesidad por cuyo uso o adquisición era preciso satisfacer al señor la correspondiente cuota, y el establecimiento de otras contribuciones debidas a él por el aprovechamiento de los bosques, ríos y prados del señorío, terminan de perfilar el panorama jurídico característico de los grandes dominios territoriales en los que se instala sólidamente el Derecho señorial.

Fuente:
Manual de Historia del Derecho (Temas y antología de textos).
Enrique Gacto Fernández, Juan Antonio Alejandre García, José María García Marín.
Páginas 92-94.