La incorporación de ciudades



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A partir de los últimos años del siglo XI comienzan a incorporarse ya a los reinos cristianos importantes ciudades musulmanas tanto en la frontera aragonesa (Huesca, Calatayud, Daroca, Tudela, Zaragoza, etc.) como en la castellano-leonesa (Coria, Toledo, Guadalajara, Talavera, Madrid, etc.). Por regla general las condiciones de su rendición al poder cristiano se formalizaran en Capitulaciones de contenido similar a las que, siglos antes, habían estipulado los mismos musulmanes con los visigodos: respeto al Derecho y religión de los rendidos, mantenimiento de sus autoridades propias, garantías de índole personal, patrimonial, procesal, etc.

Buen número de estos núcleos urbanos conservarán su densidad demográfica, porque junto a las nutridas comunidades mozárabes y judías, la mayor parte de la población islámica (mudéjares) optó también por permanecer en ellos sometida al poder político cristiano en los generosos términos previstos en las citadas Capitulaciones.

Este sistema de integración pacífica en los reinos cristianos de ciudades con numerosa población dedicada a la agricultura y a la ganadería y con un cierto desarrollo artesanal y mercantil, que no vieron interrumpidas sus actividades a consecuencia del cambio político, presentaba evidentes ventajas desde el punto de vista económico. Pero, en cambio, llevaba consigo un riesgo de inestabilidad al menos potencial, en cuanto la superioridad de la población mudéjar sobre la cristiana constituía un factor que dificultaba la definitiva consolidación de la conquista.

Fuente:
Manual de Historia del Derecho (Temas y antología de textos).
Enrique Gacto Fernández, Juan Antonio Alejandre García, José María García Marín.
Página 97.