El "Liber iudiciorum"



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Recesvinto (653-672) fue autor de un número también importante de leyes, pero su labor fundamental fue la formación de un gran código, el Liber Iudiciorum o libro de los juicios, también conocido como Liber iudicum, libro de los jueces, y Lex Visigothorum.

Liber iudiciorum

El nuevo código fue realizado con asesoramiento de San Braulio, revisado en el Concilio VIII de Toledo y promulgado el año 654, y constituye un ingente trabajo de recopilación de leyes propias y de los monarcas precedentes. Como antiquae se califican las de los reyes anteriores a Recaredo, y podían proceder del código atribuido a Eurico o del Codex revisus de Leovigildo, o haber sido recogidas directamente de las fuentes romanas. Algunas se califican de antiquae emmendatae, lo que indica que habrían sido corregidas, bien al tiempo de su recopilación o en algún momento anterior. Las leyes de Recaredo y de los reyes posteriores van encabezadas, por lo general, con el nombre del rey legislador, lo que facilita la identificación de su origen.

- Estructura y orientación del "Liber iudiciorum"


+ Estructura del "Liber iudiciorum"


El Liber iudiciorum se estructura en doce libros o partes, subdivididos en títulos (división que recuerda la del Código de Justiniano), en los que se ordenan las leyes según su materia, redactadas en latín, como todas las visigodas. El libro I discurre pobremente sobre los deberes y virtudes del legislador y las cualidades de las leyes; el II trata de la organización judicial y del procedimiento; el III, del Derecho matrimonial, y el IV, de la familia y de la sucesión ab intestato; el libro V se refiere al Derecho de obligaciones y los libros VI a IX tratan de materia penal. Los últimos engloban leyes sobre materias muy diversas y en el XII se contiene la muy importante, por sus consecuencias, legislación contra herejes y judíos. Los preceptos sobre Derecho público son muy escasos y no sistemáticos.


+ Orientación


Los reyes visigodos habían recibido de Roma no sólo unas leyes y unos principios jurídicos, sino también una técnica para crear su propio derecho, y este código, que constituye la obra cumbre de la legislación visigoda, es la demostración de que esa técnica había sido bien asimilada. El texto conserva una base romanística, como lo demuestra el hecho de recoger normas romano-vulgares del código euriciano y preceptos del mismo Derecho romano culto que pasó al Breviario. Pero por su orientación se inscribe en la línea nacionalista o antirromanista, que destaca en las leyes penales de Leovigildo y en las de Derecho privado de Chindasvinto y Recesvinto recopila. Ese nacionalismo explica que se trate del primer código completo que une la tradición jurídica romana culta y el Derecho de la práctica, y que se dirija claramente a godos y romanos, lo que pondría fin a la dualidad de ordenamientos que el sector doctrinal personalista entendía que había perdurado hasta entonces.

- Vicisitudes posteriores del "Liber"


Después de la promulgación del Liber el mismo Recesvinto dictó nuevas leyes y lo mismo hicieron sus sucesores Wamba y Ervigio (680-687). Pero este último llevó a cabo además una revisión o nueva redacción, con el concurso del Concilio XII de Toledo del año 681, insertando nuevas leyes o novellae y suprimiendo o corrigiendo otras, acaso por razones filoeclesiásticas, que se manifiestan en la dureza contra los judíos, la consagración legislativa de los acuerdos conciliares o las disposiciones cristianizadoras del matrimonio. Todavía Egica (687-702), sucesor de Ervigio, intentó otra revisión del texto, que encomendó al Concilio XVI, pero parece que no llegó a realizarse.

Sí triunfó, en cambio, una redacción, hecha por juristas y prácticos del Derecho, anónimos, que introdujeron leyes de Egica y Witiza, y suprimieron o deformaron otras muchas. Esta edición, llamada vulgata, aunque no recibió sanción oficial, llegó a ser la más difundida en los tiempos de la Reconquista y a ella aludirían los textos medievales con el nombre de Lex Gothica o Forum Iudicum. En ella sorprende la aparición de instituciones de viejo sabor bárbaro que, para ciertos autores representan la consolidación de normas germánicas que, latentes y perseguidas en la época gótico-toledana, afloran finalmente con fuerza hasta llegar a ser recogidas por los prácticos del Derecho junto a aquellas leyes que precisamente trataron de anularlas, en tanto que para algún otro autor serían una premonición de la ya inmediata Alta Edad Media con su carga de regresión cultural y jurídica.

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Fuente:
Manual de Historia del Derecho (Temas y antología de textos). Enrique Gacto Fernández, Juan Antonio Alejandre García, José María García Marín. Páginas 71 - 73.