El Derecho en la ciudad de Toledo



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Toledo encabeza una larga lista de ciudades que en Castilla la Nueva acogerán el Liber Iudiciorum como ordenamiento jurídico propio. Reconquistada en 1085, la ciudad albergaba una nutrida masa de mozárabes (naturales de la ciudad unos e instalados otros allí por Alfonso VI) y, junto a ellos, castellanos y repobladores francos de procedencia diversa.

Los castellanos recibieron una carta especial en la que, entre otros extremos, se les aseguraba una jurisdicción propia, y la facultad de no poder ser prendados. Los mozárabes obtuvieron otra que les garantizaba el uso de su Derecho tradicional, el Liber Iudiciorum. Mediado el siglo XII, cuando la población mozárabe se hizo más numerosa aún con la llegada de refugiados que huían de Al-Andalus, se les confirmó esta carta (1155), de la que disfrutaron también los mozárabes asentados en las cercanas localidades de Talavera y Santa Olalla. Los francos obtuvieron asimismo un estatuto propio, en el que destacan los privilegios usualmente otorgados a esta población, orientados a estimular las actividades comerciales a que se dedicaban en la ciudad.

Quedó de esta manera consolidada en principio la vigencia personalista de los diversos ordenamientos jurídicos propios de los repobladores. Pero la mayor cohesión del grupo mozárabe, su superioridad numérica y el hecho de disponer, además, de un ordenamiento jurídico maduro y sistemático, determinarían que su Derecho, el Liber Iudiciorum acabara imponiéndose sobre el de las otras comunidades, cuyos privilegios aislados distaban mucho de constituir un conjunto armónico de normas. Porque mientras el Derecho de los francos únicamente abarcaba ventajas muy especializadas en el ámbito mercantil, como ya se ha dicho, y el Fuero de los castellanos variaba de contenido en función de los diferentes lugares de origen de los mismos, los mozárabes tenían a su disposición un Código completo y prestigioso, con la autoridad que le daba el hecho de haber estado vigente en la ciudad durante casi quinientos años.

Ya en la mitad del siglo XII, en la carta de confirmación del derecho de los mozárabes de 1155 antes mencionada, la concesión se formula con un alcance muy general ("A todo el Concejo de Toledo, tanto caballeros como peones") dando la sensación de que el Derecho visigodo se identifica ya con el ordenamiento jurídico de toda la ciudad. Y en los últimos años del siglo, la carta de los mozárabes y la de los castellanos se refunden en un único texto, que se presenta al rey, para su confirmación, como Derecho de todos los toledanos. A partir de este momento, el Liber Iudiciorum queda consagrado como sistema general de la ciudad, aunque los francos conservaron sus privilegios y a la población castellana se le respetó la posibilidad de optar por la utilización de sus ordenamientos jurídicos de origen. Ya en el siglo XIII, como tendremos ocasión de ver, Fernando II y Alfonso X concederán el Fuero de Toledo a las más importantes ciudades de Andalucía y Murcia, extendiendo de este modo por sus conquistas la vigencia del Liber Iudiciorum.

Fuente:
Manual de Historia del Derecho (Temas y antología de textos).
Enrique Gacto Fernández, Juan Antonio Alejandre García, José María García Marín.
Páginas 109-110.